UNIDOS O DOMINADOS
Gral. Juan Domingo Perón (08-10-1895/01-07-1974)
Tres veces Presidente de los Argentinos. Militar. Estadista.
A fines de marzo de 1970, Tomás Eloy Martínez pudo grabar,
en la residencia madrileña de Puerta de Hierro, un testimonio que
modificaría de manera profunda su visión de la historia Argentina
contemporánea: las memorias de Juan Domingo Perón.
De esas memorias he rescatado las siguientes afirmaciones:
“Yo ya estoy más allá del bien y del mal. Fui todo lo
que se puede ser en mi país, y por eso puedo hablar descarnadamente.
En la liberación de nuestros pueblos gravita más la integración
continental que el problema nacional. Nosotros fuimos libres durante diez
años. ¿Y? ¿Pudimos consolidar la liberación?.
No.
Yo vengo luchando por la integración continental desde l948.
Cuando llegué al gobierno, me puse dé acuerdo con el
Presidente de Chile, Ibánez, y con Getulio Vargas, del Brasil,
para establecer en el sur de América una alianza de este tipo.
Mi actitud era compartida por muchos Presidentes Americanos. La prueba
es que todos adhirieron a los tratados de complementación económica,
que no era sino un tratado de integración continental.
Si a pesar de eso nos desmontaron, fue porque nuestros pueblos no estaban
todavía preparados. Los Pueblos iban detrás de la bandera
que les mostraran. No tenían una idea propia.
Pero en 1955, los vientos cambiaron. Nos aplastó la sinarquía
internacional, de la que forman parte el capitalismo, el sionismo, el comunismo,
la masonería y el clero tradicional, apoyados por los cipayos (Soldados
al servicio de una Potencia Extranjera).
Pude haber resistido, provocando así la muerte de un millón
de compatriotas. Teníamos cómo hacerlo. Nos bastaba con entregar
las armas al pueblo. Para mí el asunto era muy simple: decretaba
la movilización general, formaba una división en Buenos Aires
(para lo cual contaba con las armas necesarias), marchaba sobre Córdoba
y fusilaba a todos los que intervinieron en el golpe. Para mí, un
general, todo eso era muy simple. ¿Pero qué resolvíamos
haciéndolo?. La sinarquía internacional se nos iba a echar
encima furiosamente. Quizá nos iban a enviar a los marines (Norteamericanos).
¿Qué favor le hacíamos al país?. ¿Liberábamos
así al continente?. Nos iban a aplastar de una manera u otra, sacrificando
al pueblo y destruyendo lo que habíamos hecho durante diez años:
setenta y seis mil obras sólo en el primer Plan Quinquenal, once
grandes diques, un gasoducto desde Comodoro Rivadavia a Buenos Aires, todos
los aeropuertos que hay en la Argentina, una red de caminos, ocho mil escuelas,
medio millón de viviendas. Pero me quedó una enorme
enseñanza: ningún país latinoamericano se puede liberar
por completo si, al mismo tiempo, no se libera el continente, y si luego
el continente no se integra para consolidar su liberación.
Liberarse es fácil. Consolidar esa liberación es lo difícil.
¿Por qué? Porque si todo el poder sigue quedando en manos
de la sinarquía, lo que se conquista se pierde muy rápido.
Estados Unidos ha hecho un estudio a través de sus institutos
tecnológicos. Ellos han determinado que el problema del mundo está
en el año 2000. Si ahora, con los cuatro mil millones de habitantes
que tiene el planeta, la mitad no tiene qué comer, cómo serán
las cosas cuando el impacto demográfico aumente la población
a seis mil millones. La superpoblación no depende sólo del
número de habitantes, sino del número de habitantes y los
medios de subsistencia. Ya hay en el mundo experiencia de esos problemas.
¿Qué soluciones se han buscado? Básicamente dos:
La supresión biológica, guerras, hambres, pestes; y luego,
el reordenamiento geopolítico. A veces pienso que la bomba
de cien megatones, a la que tanto teme el mundo, quizás acabe por
ser una fuente de solución en el año 2000, si la insensatez
del hombre no resuelve el problema por otros caminos.
Con ese panorama en la mente, los Estados Unidos han comenzado a tomar
ya previsiones para ocupar las grandes zonas de reserva de los elementos
críticos. En un mundo superpoblado y superindustrializado, ¿Cuáles
son esos elementos? Muy simple: la comida y la materia prima. Ya comenzaron
con ese proyecto de ocupación colonial. Con Cuba no han hecho una
cuestión de vida o muerte porque no se trata de una zona de reserva
fundamental.
¿Y en nuestro País? Con nosotros hicieron un desastre.
Yo nunca permití que la Argentina se hiciera socia del Fondo
Monetario Internacional, porque sabía que ahí, en el Fondo,
está el verdadero gobierno del mundo. En 1955, cuando caí,
dejé a la Argentina sin deuda externa. Con el ingreso de la R.Argentina
como socia del Fondo Monetario Internacional, se nos robó la mitad.
¿Cómo? Cada vez que pedimos un préstamo, la
sobrevaloración del dólar con relación al oro nos
hace perder un veinticinco por ciento. Quiero decir que, cuando nos prestan
cien millones de dólares, recibimos sólo setenta y cinco,
pero tenemos que devolver cien más los intereses. Otro cinco por
ciento se pierde al transportar la mercadería en barcos norteamericanos.
Como la licitación allí no es posible y hay que atenerse
a los precios de catálogo, se pierde en eso otro quince por ciento.
Un cinco por ciento más se nos va en los seguros de embarque. Entre
una cosa y otra nos roban la mitad. Desde que yo me fui, la Argentina ha
sido gobernada por el Fondo Monetario Internacional.
Aquí, en estas palabras sabias, está el quid de todos
los estudios políticos que se pueden hacer hoy día. Argentina,
Brasil y los países limítrofes son la fuente de reserva del
mundo. Nos asignan ahora el papel de esclavos para que los abastezcamos
de comida, mientras nosotros morimos. Cuando desaparezcamos todos nosotros,
ellos, los imperios, van a ocupar esas tierras.
Los Argentinos tienen que entender que el problema no es político
sino ideológico, no regional sino continental.
Eduardo Angel Pizzichillo
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