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EL PACIFICADOR

JAMES CARTER (ex-presidente Norteamericano 1977/1981)

Le gusta definirse como sureño y norteamericano, agricultor y marido, cristiano (pertenece a la Iglesia Bautista), político y ex gobernador, físico nuclear y oficial de la Marina, y entre otras cosas, amante de las canciones de Bob Dylan.
Nació en Plains, Estado de Georgia, el lº de Octubre de l924, en el seno de una familia de cultivadores de maní. Se graduó en la Academia Naval de los Estados Unidos y realizó luego estudios de posgrado en Física Nuclear en el Unión College.
Está casado con Rosalynn Carter-nacida en su mismo pueblo-, con la que tiene cuatro hijos. En 1971 fue elegido gobernador demócrata de su estado Natal. En 1977 ganó las elecciones nacionales y se convirtió en el 39º presidente de su país. Su gestión tuvo un alto perfil internacional, con algunos sonoros traspiés, y se destacó por el hincapié puesto en los derechos humanos.Durante el año 1977, firmó un tratado con el General de Brigada Omar Torrijos Herrera, Jefe de Gobierno Panameño, para el traspaso del Canal de Panamá al control del Gobierno Panameño en el año 1999.  En septiembre de 1978 logró en Camp David la firma de un histórico acuerdo de paz entre Israel y Egipto. Perdió la reelección en 198l a manos del republicano Ronald Reagan. Tras dejar la presidencia, creó la Fundación Carter con el fin de promover programas de paz, de lucha contra la pobreza y en defensa de los derechos humanos. La fundación adquirió fama gracias a sus supervisiones de comicios en distintos países del mundo. En América latina, ya fue observador en elecciones en Panamá, Venezuela, México y Perú, y dedicó la última conferencia del Centro Carter a estudiar los nuevos desafios que enfrentan las democracias en la región. El mismo James Carter manifestó: Que a pesar de todo, el movimiento hacia el respeto por los derechos humanos tardó en imponerse, pero perduró. Recuerda que durante el Proceso Militar, la situación en la Argentina y en Chile estaban vinculadas. Que había enviado a Patricia Derián, que era su representante especial, para que exigiera a los dictadores que cumplieran con las normas básicas de respeto a los derechos humanos.
En los organismos internacionales usamos al máximo posible nuestra influencia en círculos internacionales, en discursos públicos ante la OEA y, en ocasiones, en las Naciones Unidas. Desalentamos préstamos que los dictadores utilizaban para comprar armas, muchas de las cuales usaban en contra de sus propios ciudadanos. Recurrimos a ese tipo de influencias, las que se pueden ejercer desde Washington, al máximo. Fijamos una política que en esencia sigue siendo la misma hoy: no vender armas avanzadas en países de América Latina.  Sobre el tema de la desclasificación de los documentos del Gobierno de los Estados Unidos sobre la Dictadura Argentina, que piden los familiares de desaparecidos, creo que puede haber información valiosa.
Nosotros lo que hacíamos era revelar a la comunidad internacional cosas que conocían mucho mejor los familiares, por eso marchaban las madres, cuyos chicos habían sido asesinados y sus cuerpos lanzados al océano.  Siempre es importante y útil que la comunidad internacional publicite con un perfil muy alto los casos de abusos de derechos humanos. Sobre el caso de Augusto Pinochet, que todavía retiene poder como senador vitalicio de Chile, aunque ahora le quitaron los fueros, dijo: Es el dilema más difícil para un activista de los derechos humanos: ¿Le damos impunidad a los perpetradores de crímenes terribles para conseguir su apoyo para establecer un sistema democrático?. En el mundo entero, no sólo en América latina, la decisión ha sido por lo general dejar libres de la amenaza de ir a la cárcel a los líderes militares, o a los del apartheid en Sudáfrica, a cambio de que dieran un paso al costado. En una transición pacífica a la democracia, parece una decisión casi inevitable, aunque es desagradable. En otros casos hubo negociaciones con efectos adversos que aún perduran, como ser el caso de Chile. Es fácil, en teoría, condenar esto, y decir que cualquiera que haya sido responsable de la desaparición de un chico, o de la ejecución de una persona inocente por objetivos políticos, debe ser castigado.
Eso es fácil de decir. Pero en la realidad, ese criminal por lo general está aún en el poder, y sólo aceptará dejarlo dentro de ciertas condiciones. En cuanto a la detención de Pinochet en Londres, y a pedido de un juez español, le pareció un acto sin precedente, que levanta preocupaciones para mucho gente. Cree que el regreso de Pinochet a Chile para ser juzgado en su propio país fue lo mejor.  La decisión de perseguir los crímenes cometidos durante dictaduras militares debe ser tomada por cada país, no puede recaer sobre extranjeros. En el caso del Plan Colombia de los Estados Unidos, manifestó: Que apoya el plan de ayuda, que en el pasado con la excusa que sus oponentes eran comunistas, los Estados Unidos han dado apoyo militar y económico a dictaduras Militares, de eso no hay duda. Pero ahora no aprueba, sin embargo, el waiver (perdón) que le dieron por este año a las condiciones que debían cumplir en términos de derechos humanos. Tenemos que respetar los requisitos que impuso el Congreso para impedir que esta plata sea utilizada por fuerzas cómplices de la milicia que viola derechos humanos. En cuanto a una intervención Militar de los Estados Unidos a Colombia, es posible, pero no es probable.  Sería una decisión muy impopular para cualquier presidente, aun en el caso de que sea a pedido de Colombia. Nadie sabe si el Plan Colombia será exitoso. Creo que al final tendrá que haber negociaciones de buena fe entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno. El Carter Center ya ofreció sus servicios, en caso de que ambas partes pidan ayuda. El acuerdo resultaría extremadamente difícil por la enorme riqueza que genera el narcotráfico. Pero no creo que se pueda alcanzar un acuerdo permanente basado en helicópteros o en el número de armas que tiene cada parte. De acuerdo con algunas definiciones, el Plan Colombia es una intervención, pero al mismo tiempo es una intervención que fue requerida por el presidente de Colombia. Yo personalmente creo que, en términos generales, el Plan Colombia es aceptable. Con respecto a la situación en Venezuela,dijo Carter:  Es cierto que los dos grandes partidos tradicionales habían perdido todo contacto con la gente, y estaban sujetos a la corrupción. El coronel Hugo Chávez prometió cambios y los votantes lo identificaron con la reforma total. Para mi sorpresa, el Presidente Chávez, cumplió con muchas de sus promesas. Dice que quiere mejorar la distribución del ingreso entre la oligarquía y el pueblo, y en eso le tomo la palabra. Pero su concepto de democracia es muy diferente del que defendemos en el Centro Carter. Hay demasiada concentración de poder en la presidencia, y tiene una gran dependencia de su actual popularidad. Yo creo en la democracia basada en instituciones fuertes. ¿Qué pasará en dos o tres años si hay una crisis económica que reduzca su popularidad?. En el Centro Carter no vamos a un país a menos que nos inviten. Pero el país que se niega a invitar observadores en una elección cuestionada o muy ajustada tiene algo para esconder, eso crea desconfianza. Lo mismo sucede con las misiones de la OEA. Aunque fui presidente de los Estados Unidos, yo voy a los países sin ninguna autoridad. No quiero tener ninguna autoridad.
Después de dejar la Presidencia, como perdedor en los años 80, lo que realmente deseaba era terminar el trabajo inconcluso. La Defensa de la democracia y de los derechos Humanos, los dos temas que moldearon su legado en la Casa Blanca, siguen siendo las dos causas que definen el trabajo de Carter, quien se ha transformado en un distinguido líder del mundo de la paz. Las revistas Time y Newsweek le dedicaron la portada a Carter, con el título: “EL PACIFICADOR INCANSABLE”.
 

Eduardo Angel Pizzichillo



 
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